GEESE EN PRIMAVERA SOUND
tormenta Conquistada y ascenso confirmado
Geese en el Primavera Sound Barcelona. Foto: Ivan Martínez / TMN.
Horas después de emocionar al Auditori Rockdelux en solitario, Cameron Winter lideró a Geese en un concierto bajo la lluvia que confirmó el extraordinario momento que vive una de las bandas más prometedoras del rock actual.
BARCELONA | Por Ivan Martínez
Hay bandas que parecen nacidas en el momento equivocado. Geese podría ser una de ellas. Sobre el escenario Occident del Primavera Sound daban la sensación de haber viajado directamente desde 1985: una banda joven, desatada, con una energía inagotable y una confianza casi insolente. Como si todavía existiera aquella época en la que el rock era imprevisible, peligroso y parecía capaz de cambiarlo todo.
Y, sin embargo, Geese es una banda profundamente actual. Formados en Brooklyn cuando todavía eran adolescentes, han construido su identidad mezclando influencias imposibles de resumir en una sola etiqueta. Hay algo de art rock, algo de post-punk, algo de rock clásico y mucho de una personalidad propia que les ha permitido convertirse en uno de los nombres más prometedores de la nueva escena estadounidense.
Foto: Ivan Martínez / TMN.
Su crecimiento durante los últimos años ha sido constante. Lo que empezó como una banda formada entre amigos se ha transformado en un proyecto que cada vez ocupa más espacio dentro de la conversación musical actual. Por eso, tocar en un escenario como el Primavera Sound no era simplemente una fecha más dentro de una gira. Era una oportunidad para demostrar por qué tanta gente lleva tiempo señalando a Geese como una de las bandas con más futuro del panorama alternativo.
Lo curioso es que la historia de aquella noche había comenzado varias horas antes, lejos del escenario Occident y en un contexto completamente distinto. Cameron Winter, cantante de Geese, había protagonizado uno de los conciertos más especiales de toda la jornada en el Auditori Rockdelux, mostrando una faceta radicalmente diferente a la que más tarde enseñaría junto a su banda.
Solo frente a un piano, Winter consiguió emocionar a un Auditori Rockdelux completamente entregado. Su voz, tan peculiar como magnética, llenó cada rincón de la sala mientras interpretaba canciones cargadas de sensibilidad y una intimidad poco habitual en un festival de estas dimensiones. El silencio que se respiraba entre canción y canción era casi tan importante como la propia música.
Fue uno de esos conciertos que recuerdan por qué la música en directo sigue siendo capaz de detener el tiempo. Durante una hora, el Auditori Rockdelux pareció desconectarse por completo del resto del festival. Cada nota sonaba preciosa, cada palabra encontraba su espacio y el público respondía con una atención absoluta que convertía la actuación en algo cercano a la magia.
Precisamente por eso resultó tan sorprendente volver a encontrarse con Cameron Winter unas horas después. Porque el músico que había emocionado a miles de personas desde la delicadeza de un piano parecía desaparecer en cuanto subió al escenario Occident. Allí apareció otro Cameron Winter: eléctrico, imprevisible y dispuesto a liderar una banda que parecía tener energía suficiente para tocar toda la noche.
Foto: Ivan Martínez / TMN.
Las comparaciones han acompañado a Winter durante los últimos meses. Algunos medios han llegado incluso a referirse a él como "el nuevo Bob Dylan", atraídos por una voz singular y una manera muy particular de escribir canciones. Pero si algo demuestra Geese cuando actúa en directo es que las comparaciones importan poco. La banda tiene una personalidad demasiado marcada como para vivir bajo la sombra de cualquier referente.
Desde los primeros minutos quedó claro que aquello no iba a ser un concierto más. Geese apareció sobre el escenario con una actitud desenfadada y una energía prácticamente inagotable. Había algo contagioso en la manera en la que ocupaban cada rincón del escenario, como si estuvieran disfrutando exactamente del momento con el que habían soñado durante años.
Y entonces llegó la lluvia.
Lo que para muchos artistas habría supuesto una complicación terminó convirtiéndose en uno de los elementos más memorables de toda la noche. Poco a poco, el cielo comenzó a descargarse sobre el Parc del Fòrum mientras la banda seguía adelante sin perder intensidad. El público empezó a mojarse, las chaquetas dejaron de servir de refugio y el agua comenzó a acumularse.
Sin embargo, nadie parecía dispuesto a abandonar. Al contrario. Cuanto más llovía, más energía parecía acumularse delante del escenario. Geese observaba la escena con una mezcla de sorpresa y fascinación mientras continuaba encadenando canciones ante un público completamente entregado a lo que estaba ocurriendo.
La lluvia llevaba ya varios minutos cayendo con fuerza cuando llegó el momento clave del concierto. Lo que había empezado como un inconveniente se había transformado en parte del espectáculo. El público estaba completamente empapado, pero había una sensación compartida de que algo especial estaba a punto de suceder.
Geese parecía sentirlo también. Se notaba en la intensidad con la que atacaban cada canción, en la manera en la que se movían por el escenario y en las miradas que intercambiaban entre ellos mientras contemplaban aquella masa de gente resistiendo bajo la tormenta. La lluvia ya no estaba frenando el concierto. Lo estaba elevando.
Y entonces llegaron los primeros acordes de "Trinidad".
La reacción fue inmediata. Como si todo el público hubiera estado esperando exactamente ese instante. En cuestión de segundos comenzaron a abrirse los primeros pogos entre la multitud. Los círculos aparecían en diferentes puntos del público mientras cientos de personas corrían hacia el centro para formar parte de una explosión colectiva de energía que parecía imposible de detener.
Foto: Ivan Martínez / TMN.
Cada golpe de batería empujaba todavía más a la multitud. Cada estribillo era respondido por decenas de voces que cantaban bajo la lluvia sin preocuparse por nada más. Desde el escenario, Cameron Winter contemplaba una imagen difícil de olvidar: cientos de personas saltando empapadas mientras una de las canciones más celebradas del repertorio convertía el escenario Occident en un auténtico caos organizado.
Durante unos minutos dejó de importar el agua, el cansancio acumulado del festival o cualquier otra cosa que estuviera ocurriendo fuera de aquel espacio. Solo existían Geese, la tormenta y un público completamente entregado. Fue el momento en el que el concierto dejó de ser simplemente una gran actuación para convertirse en una de esas imágenes que terminan definiendo una edición entera de un festival.
Foto: Ivan Martínez / TMN.
Y quizá ahí estuvo la clave de todo. Geese no solo ofreció uno de los conciertos más intensos de la jornada. También dio la sensación de ser una banda preparada para dar el siguiente paso en su carrera. Una banda joven, ambiciosa y con una personalidad propia que resulta imposible de ignorar.
Mientras la lluvia seguía cayendo sobre el Parc del Fòrum, Geese tocó como si estuviera exactamente donde debía estar. Como una banda salida de 1985. Como una banda del presente. Y, sobre todo, como una banda preparada para conquistar el futuro.
Mira más momentos de Geese en nuestra playlist exclusiva dedicada a la banda: