ISABEL VAN GELDER

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despliega sus alas en Barcelona

Isabel van Gelder en Barcelona. Foto: Carla Lamiel / TMN

La artista neerlandesa Isabel van Gelder puso este miércoles punto final a su gira europea con una actuación íntima en La Nau, estrenándose así ante el público barcelonés.

BARCELONA | Por Carla Lamiel

Con apenas 23 años, la artista de Ámsterdam presentó una propuesta difícil de ignorar. Pese a encontrarse todavía en los primeros pasos de su trayectoria, empieza a abrirse camino más allá de su amplia comunidad digital, que supera ya el millón de seguidores en redes. La cita sirvió, además, para adelantar algunos temas de su próximo EP Lovesick, previsto para dentro de dos semanas.

Su nuevo sencillo “I Don’t Want To Fall In Love Again” fue el encargado de abrir un concierto muy especial donde la principal protagonista fue la voz de la cantautora. Angelical, aterciopelada y llena de matices, logró seducir a toda la sala sin esfuerzo, arropada por una producción instrumental sutil que, a través de texturas suaves y lejos de cualquier exceso, dejó que toda la fuerza recayera sobre su interpretación vocal. Así ocurrió en “Waiting for the Rain” y, especialmente, en su versión de “Wicked Game”, que consiguió llevar completamente a su terreno, envolviendo La Nau en una atmósfera etérea y soñadora.

Van Gelder tiene una forma de interpretar que por momentos parece sacada de otra época. No necesita recurrir a grandes piruetas vocales para captar la atención; lo consigue con una mezcla de elegancia, sensualidad y presencia magnética. Entre susurros al micrófono, evocaba de algún modo a las vocalistas de jazz, con cierto aire de femme fatale clásica. En “Like I Do” mostró también su faceta más juguetona: dividió al público en dos para hacerle responder a distintos fraseos de la canción, creando uno de los momentos más divertidos de la noche.

La instrumentación, sostenida por baterías orgánicas, sutiles líneas de bajo y piano, termina de dar forma a una propuesta donde elegancia y calidez conviven con cierta sensación de atemporalidad. Una sensibilidad que puede recordar, por momentos, a la manera en que artistas como Olivia Dean han recuperado ciertos códigos clásicos dentro del pop contemporáneo. Van Gelder adopta esa misma sofisticación para envolver unas letras mucho más confesionales y, en ocasiones, pícaras.

Porque si su manera de interpretar parece mirar hacia épocas pasadas, las historias que cuenta pertenecen, sin duda, a su presente. Sus canciones parten de experiencias concretas y funcionan casi como páginas de un diario personal, atravesadas por una vulnerabilidad que tiene algo profundamente generacional. Ella misma fue desgranando algunas de esas historias entre canción y canción: “Bathroom Floor” nació a partir de la experiencia de una amiga, y antes de “Run” habló abiertamente sobre salud mental. Pero el momento de mayor desnudez emocional llegó con “Complicated”. Escrita a partir de la ruptura con su primer amor, Van Gelder la interpretó sola al piano, despojándose por unos instantes de la banda que la estaba acompañando. La sala, atenta y en silencio, pareció contener la respiración ante una interpretación tan contenida como desgarradora.

Sin embargo, la melancolía no se apoderó por completo de la noche. La artista supo equilibrar las baladas más íntimas y cargadas de emoción con temas mucho más divertidos y desenfadados, como las pegadizas “My Silly Boy”, “Kissing You Away” o “Feel Again”, con la que se despedía del concierto y, también, de su gira por Europa.

Esa mezcla entre introspección y ligereza termina de reforzar la frescura y juventud que definen el proyecto. Acompañada por cuatro músicos veinteañeros con los que compartió energía y complicidad, Van Gelder construye una propuesta que habla desde el momento vital que comparte con buena parte de quienes la escuchan.

Bailando, sonriendo y conversando constantemente con quienes tenía delante, la neerlandesa se desenvolvió con una espontaneidad y soltura sorprendentes sobre el escenario. Esa cercanía dejó también algunas de las imágenes más dulces de la noche, como el intercambio de un ramo de flores con una joven de la primera fila. 

Las redes han sido hasta ahora su principal escaparate, pero el concierto en Barcelona demostró que el encanto de la cantante no puede reducirse a una cifra de reproducciones. Isabel Van Gelder se mostró como una compositora e intérprete con personalidad, capaz de defender sus canciones con delicadeza y seguridad, sin perder su naturalidad. Quizá por eso la etiqueta de “joya oculta” empiece a quedársele pequeña. Por ahora, Barcelona tuvo la oportunidad de verla desplegar las alas desde muy cerca.


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