OBSESSION
TERROR INCÓMODO Y UNA TRAMA RETORCIDA
¿Te imaginas desear que tu amor platónico te corresponda y que tu deseo se cumpla? Así arranca “Obsession”, la película de Curry Barker sobre las consecuencias de un deseo aparentemente inofensivo que desemboca en algo siniestro.
BARCELONA | Por Noelia Serrano
El actor y director estadounidense Curry Barker apunta maneras con su último largometraje, “Obsession”, una propuesta que equilibra tensión y violencia gráfica.
La trama sigue a Bear (Michael Johnston), un joven obsesionado con Nikki (Inde Navarrette), cuyos sentimientos le motivan a pedir un deseo que desencadenará una serie de acontecimientos cada vez más perturbadores. La premisa evoluciona con agilidad desde el momento en el que el deseo se cumple y arrastra a los personajes a un deterioro psicológico que Barker potencia a través de una puesta en escena incómoda y agresiva.
Uno de los mayores aciertos de “Obsession” está en cómo maneja la tensión. Y es que el director, en lugar de apoyarse en jumpscares fáciles o recursos demasiado explotados, apuesta por una incomodidad mucho más física. A través de silencios prolongados, diálogos extraños y planos invasivos o demasiado abiertos que adelantan que algo acecha cerca, la película mantiene una sensación constante de ansiedad y amenaza, consiguiendo que el espectador no baje la guardia en ningún momento.
Ese malestar también se traslada al montaje: cuanto más avanza la película, más frenético se vuelve el ritmo, encadenando situaciones violentas y desagradables hasta arrastrar al espectador hacia el mismo estado mental que los personajes.
Otro de los grandes puntos a favor del film es cómo refuerza visualmente esa idea de decadencia. La fotografía apuesta por tonos fríos y espacios oscuros que invitan a sumergirse en la trama. Además, la película juega con encuadres abiertos, donde el espectador imagina que algo puede irrumpir en cualquier momento, y composiciones cerradas que generan sensación de asfixia, vigilancia y falta de escapatoria.
Si bien “Obsession” es una apuesta hacia el terror psicológico, Barker convierte las escenas de violencia en algunos de los momentos más impactantes de la película, no tanto por el acto en sí, sino por la manera en que decide filmarlo. En lugar de cortar inmediatamente tras el estallido de violencia o el punto más álgido, la cámara permanece ahí unos segundos que se estiran hasta hacerse eternos y obligan al espectador a convivir con la reacción de los personajes.
A nivel interpretativo, Inde Navarrette (Nikki) sostiene gran parte del peso de la película con una actuación sólida y convincente. La actriz demuestra tener una gran capacidad para transmitir inquietud y miedo a través de pequeños gestos y microexpresiones que terminan reforzando la tensión emocional del film.
Su presencia en pantalla logra transmitir esa vulnerabilidad que hace que una película de terror no solo sea vista, sino también vivida.
Aunque algunos espectadores han señalado la presencia de ciertos momentos de alivio cómico (comic relief), “Obsession” no juega realmente con el humor, sino con situaciones extrañas y surrealistas que en ocasiones generan una risa nerviosa producto de la incomodidad.
Es cierto que Barker deja entrever hacia dónde se dirige el desenlace bastante antes del final. Sin embargo, la película funciona precisamente porque no depende del misterio o de un gran plot twist, sino de la intensidad con la que desarrolla su descenso hacia el horror. Cuando llega el clímax, “Obsession” remata la sensación de incomodidad y agotamiento psicológico que ha construido desde el principio, dejando al espectador con una sensación de incertidumbre difícil de sacudirse.
“Obsession” es una experiencia intensa y sofocante que probablemente conectará con muchos aficionados del cine de terror psicológico.
Si bien la película ya se ha estrenado en algunos países, no llegará a cines de España hasta el próximo 26 de junio.