RESIDENT EVIL

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VOLVEMOS A ENTRAR EN RACCOON CITY

Zach Cregger, director de largometrajes como Barbarian o Weapons, nos trae de vuelta al universo de Resident Evil con su nueva entrega homónima que, pese a mantenerse dentro de sus códigos, toma distancia de la fórmula habitual de la franquicia para abrazar un terror más contemporáneo.

BARCELONA | Por Noelia Serrano

Resident Evil sigue a Bryan (Austin Abrams), un joven que trabaja como mensajero transportando material médico a hospitales. Antes de acabar su turno, acepta un encargo misterioso de última hora al Hospital General de Raccoon City, ciudad ficticia que en la saga de videojuegos original es el escenario principal del apocalipsis zombie. Así da comienzo una historia de supervivencia que hará que durante 90 minutos el público esté aferrado al reposabrazos de su asiento preguntándose: “¿Qué más puede pasar?”.

Una de las grandes virtudes de esta película es que no pretende ser una continuación más de las seis entregas originales protagonizadas por Milla Jovovich en el papel de Alice, la heroína que encabezó aquella etapa de la saga. En esta ocasión, Cregger consigue introducirnos de lleno en esta nueva historia a través de un protagonista normal y corriente, sin entrenamiento, habilidades especiales ni experiencia previa que lo convierta en un héroe al uso. Su torpeza aporta una personalidad particular a la película y, en más de una ocasión, consigue transformar situaciones potencialmente aterradoras en momentos inesperadamente cómicos, sin que por ello se pierda la tensión.

La película consigue construir escenas de auténtico terror y provocar algún que otro sobresalto gracias, en buena medida, al inteligente uso de la cámara. Los encuadres por encima del hombro, los movimientos que acompañan la mirada del protagonista y determinados planos que anticipan que algo está a punto de suceder mantienen al espectador en un estado de alerta constante. Cregger juega así con aquello que vemos y, sobre todo, con aquello que todavía no podemos ver, dejando que la tensión nazca a través de la espera y la anticipación.

Por otro lado, la puesta en escena desempeña un papel fundamental a la hora de construir esa sensación de amenaza. La película alterna espacios muy abiertos con otros especialmente claustrofóbicos, aprovechando las posibilidades de cada escenario para generar tensión. Un buen ejemplo lo encontramos justo al empezar, en la carretera nevada que atraviesa el protagonista: un espacio abierto que, bajo la nieve y la falta de visibilidad, termina convirtiéndose en una auténtica trampa.

Visualmente, Resident Evil encuentra además un equilibrio interesante a la hora de abordar el horror físico. No apuesta por un exceso de sangre y gore, sino que utiliza estos elementos de manera puntual y efectiva. La reinvención de algunas de las criaturas resulta especialmente acertada y contribuye a renovar su aspecto sin que dejen de reconocerse como parte del imaginario de Resident Evil. Sin embargo, estas criaturas no acaban siendo el único atractivo del terror, sino una extensión de los numerosos peligros que el protagonista irá encontrando a lo largo de su recorrido.

Resident Evil no es simplemente una adaptación de un videojuego ni una continuación más de la conocida saga cinematográfica. Cregger se adentra en el universo de Resident Evil aprovechando terreno inexplorado y sin miedo a exprimir todas las posibilidades de un apocalipsis zombie, aportando su mirada creativa para ofrecer al público algo completamente diferente. El resultado es una película que encuentra su propia identidad y nos regala una experiencia más y un regreso diferente a Raccoon City.

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Noelia Serrano

Teens Media Network. Barcelona, Spain.

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