Valeria Castro

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las canciones que heredamos

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

Valeria Castro cerró en el Palau Sant Jordi de Barcelona su gira El cuerpo después de todo, en una noche marcada por la emoción, los vínculos familiares y las canciones que pasan de una generación a otra. Un concierto con momentos íntimos, invitados especiales y una despedida antes de su pausa de los escenarios.

BARCELONA | Crónica y fotos de Ivan Martínez

Hay canciones que parecen escritas para alguien en concreto, pero que terminan encontrando un lugar en la historia de muchas personas. El pasado 30 de octubre, el Palau Sant Jordi de Barcelona fue testigo de uno de esos encuentros. Valeria Castro regresaba a la ciudad donde había comenzado esta gira para ponerle punto final a un recorrido de año y medio con El cuerpo después de todo, su segundo álbum de estudio. Entre el público se podían encontrar amigas, hermanas, madres e hijas. Algunas habían acudido juntas, otras probablemente habían descubierto las canciones por separado. Sin embargo, durante aquella noche compartieron algo más que un repertorio: la posibilidad de reconocerse en unas letras que hablan de heridas, de cuidados y de todo aquello que cuesta poner en palabras.

La cantautora canaria llegaba al Palau después de un año especialmente intenso. Su segundo trabajo, producido por Carles Campi Campón, colaborador habitual de artistas como Jorge Drexler y Natalia Lafourcade, representa una nueva etapa en su trayectoria. Si Con cariño y con cuidado (2023) estaba marcado por la memoria y sus raíces, El cuerpo después de todo (2025) se adentra en las contradicciones personales, la incomodidad y la relación con una misma. No es casualidad que el cuerpo aparezca en el título: ¿qué queda de nosotros después de atravesar aquello que nos cambia? La pregunta parecía acompañar buena parte de la noche.

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

Cantar también es una forma de resistir

El concierto arrancó con «La soledad», seguida de «Tiene que ser más fácil». Desde los primeros compases se estableció una atmósfera de cercanía que contrastaba con las dimensiones del recinto. Valeria no necesitaba convertir cada interpretación en un gran despliegue escénico. Su propuesta encontraba fuerza en la voz, los arreglos y unas letras que buena parte del público parecía conocer de memoria. La banda, con Campi Campón entre sus integrantes, acompañaba las canciones sin restarles espacio, alternando momentos de mayor intensidad con otros en los que la instrumentación dejaba respirar la interpretación.

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

Uno de los primeros grandes encuentros de la noche llegó con la aparición de Sílvia Pérez Cruz. Ambas compartieron «Debe ser», su colaboración, ante un público que recibió el dueto con especial emoción. Valeria reconoció la suerte que sentía de poder compartir escenario con una de sus artistas preferidas. No era una colaboración cualquiera: dos voces con formas distintas de interpretar la canción se encontraron en una misma pieza, demostrando cómo la música también puede convertirse en un lugar de admiración mutua.

Pero uno de los momentos más significativos llegó con «Devota». Valeria dio la vuelta a su guitarra acústica y utilizó la caja de resonancia como instrumento de percusión, golpeándola con las manos mientras interpretaba la canción completamente sola. Sin la banda y sin más acompañamiento que su propio instrumento, la artista sostuvo la interpretación de principio a fin. El momento adquiría todavía más significado después de una gira en la que había atravesado dificultades de salud y una pausa que la obligó a replantearse su relación con los escenarios. Su voz, expuesta sin apenas artificios, convirtió aquella interpretación en uno de los pasajes más delicados de la noche.

Al terminar, el Palau respondió levantándose para aplaudir. La ovación reconocía tanto la intensidad de la interpretación como la vulnerabilidad que Valeria acababa de compartir con el público. Durante unos minutos, el concierto había dejado de ser un espectáculo colectivo para convertirse en algo mucho más íntimo.

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

Tras aquel momento, Valeria tomó la palabra para dirigirse a todas aquellas mujeres que estuvieran atravesando situaciones difíciles, a quienes cada día les cuesta un poco más levantarse y seguir adelante. Sus palabras sirvieron de introducción a «Guerrera», una canción dedicada a su madre, a su abuela y a todas las mujeres que han tenido que encontrar fuerzas para continuar. La interpretación adquirió una dimensión especial después de aquel discurso. No se trataba de presentar a las mujeres como personas invulnerables, sino de reconocer también su cansancio, sus dificultades y todo aquello que muchas veces permanece en silencio.

De La Palma a Barcelona

Barcelona también tuvo su propio espacio dentro del repertorio. Con «El borde del mundo», canción original de la película El 47, Valeria se acercó especialmente al público de la ciudad al interpretar la pieza en catalán. La canción acompaña la historia de Torre Baró y la lucha de sus vecinos por conseguir algo tan básico como un transporte público que conectara el barrio con el resto de Barcelona. La película, dirigida por Marcel Barrena, recupera la historia real de Manolo Vital y de una reivindicación vecinal que terminó convirtiéndose en símbolo de la lucha por la dignidad de los barrios.

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

La conexión entre la canción y la ciudad iba más allá del idioma. Valeria, nacida en La Palma, conoce también lo que significa crecer lejos de los grandes centros y ver cómo los lugares de origen quedan muchas veces al margen. En ese sentido, «El borde del mundo» encontraba en Barcelona un contexto especialmente significativo: dos territorios distintos unidos por la necesidad de reivindicar aquello que forma parte de su identidad.

Después llegó «Hoxe, mañá e sempre», uno de los temas más reconocidos del repertorio de la noche. El público se levantó para acompañarla, convirtiendo la canción en otro de esos momentos en los que la distancia entre escenario y platea parecía desaparecer. La música ya no pertenecía únicamente a quien la había escrito, sino también a quienes habían encontrado en ella una parte de su propia historia.

Volver a la raíz

Tras un primer final que parecía anunciar la despedida, Valeria regresó para interpretar las últimas canciones. Entre ellas estaba «La raíz», probablemente una de las piezas que mejor explican de dónde nace su manera de escribir. La canción fue compuesta durante la erupción del volcán de La Palma en 2021, que destruyó, entre otros lugares, la casa de su abuela. Para la artista, aquella pérdida supuso enfrentarse a una realidad que escapaba completamente de su control. Escribir la canción fue una forma de cuidar aquello que todavía permanecía: su familia, sus recuerdos y el lugar al que pertenece.

Escucharla en el cierre de una gira tan extensa añadía otra lectura a la interpretación. Después de recorrer tantos escenarios y llevar sus canciones a distintos países, regresaba simbólicamente al lugar del que partía. Por mucho que cambien las personas o los lugares que habitamos, siempre permanece algo de aquello que nos ha construido.

La noche terminó con «Sentimentalmente», poniendo punto final a un recorrido que había comenzado en Barcelona y que ahora encontraba en el mismo lugar su despedida. Valeria se tomará un tiempo fuera de los escenarios durante 2027 para centrarse en escribir y vivir, cerrando así una etapa que ha estado marcada tanto por el crecimiento artístico como por las dificultades personales.

Al abandonar el Palau, quedaba una imagen difícil de separar de la música que había sonado durante las últimas horas: madres, hijas, hermanas y amigas compartiendo canciones que, aunque nacieron de experiencias personales, habían terminado formando parte de muchas otras vidas. Quizá esa sea una de las cosas más interesantes de la música de Valeria Castro: su capacidad para convertir una historia propia en un espacio donde los demás también pueden reconocerse.

Valeria Castro. Foto: Ivan Martínez / TMN

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Ivan Martínez

Teens Media Network. Barcelona, Spain.

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