BUDDY

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FESTIVAL DE SITGES 2026

Un grupo de niños atrapados en un programa de televisión infantil con un unicornio asesino: esta es la surrealista e inquietante premisa de Buddy, una película de terror y humor negro dirigida por Casper Kelly. 

SITGES | Por Noelia Serrano

Buddy parte de una premisa tan sencilla como efectiva: nos transporta a un programa infantil de los años noventa, heredero de la estética y la inocencia de series conocidas como Barney y sus amigos o Barrio Sésamo, para después retorcer poco a poco esa aparente ingenuidad. En el centro de toda la trama está Buddy, un unicornio mágico de color naranja que, bajo su aspecto entrañable,  esconde un oscuro secreto. 

La fotografía, a cargo de Zach Kuperstein, rápidamente atrapa al espectador con sus colores saturados, sus decorados de cartón piedra, sus canciones pegadizas y esa pedagogía casi forzada que le otorga un toque cómico. Esto consigue que gran parte del terror nazca de ese contraste entre lo que vemos, un mundo luminoso y colorido, y lo que sucede, una serie de catástrofes, cada cual más violenta que la anterior. 

Pese a que la decisión de ocupar la primera media hora de la película con una sucesión de capítulos de It’s Buddy es un tanto arriesgada, y puede hacer que el espectador pierda el interés, es una forma muy inteligente de introducir a los personajes y mostrar el punto de inflexión que hará que ese protagonista amigable se convierta en un sanguinario villano. 

Llegados al clímax de la película, la personalidad de Buddy se adentra de lleno en el terror y el gore, dando forma a una figura cada vez más siniestra que lucha, en vano, por conservar su apariencia amable. Y es precisamente esa tensión entre su fachada inocente y la oscuridad que se esconde lo que convierte a este personaje en una presencia verdaderamente inquietante. 

Por otro lado, Buddy explota el potencial de lo infantil como elemento terrorífico, aunque en algunos momentos lleva tanto al extremo sus recursos que el resultado se acerca más a la comedia negra que al horror convencional. 

Sin embargo, pese a que la película mantiene el pulso durante su primera hora, el ritmo se resiente tras la primera mitad y acaba estancándose en una sucesión de situaciones absurdas que transmiten la sensación de haber llegado a un punto muerto, lejos de hacer avanzar la trama hacia su desenlace.

Aunque en su tercer acto Buddy abraza definitivamente un horror más gamberro y desatado, el tramo final no consigue culminar toda la magia que la película había ido construyendo. Es por eso por lo que el desenlace termina resultando más caótico que catártico y deja la sensación de que, tras un planteamiento tan peculiar e interesante, la película no encuentra la manera de estar a la altura de sus propias ideas.

Sin embargo, la película consigue instalar en nuestro imaginario una inquietud persistente hacia los personajes infantiles, cuya presencia termina adquiriendo una dimensión perturbadora. 

Pese a que algunos afortunados en España ya han podido visionar Buddy, la película no llegará a los cines hasta el 12 de noviembre.

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Noelia Serrano

Teens Media Network. Barcelona, Spain.

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