DUKI
RESEÑA DE CONCIERTO
Duki incendia el Palau Sant Jordi: fuego, rap y redención
Duki. Foto cortesía de Live Nation España.
El rapero argentino, Duki presentó su gira “Ameri” en Barcelona, ante un Palau Sant Jordi lleno, en un espectáculo de alto nivel técnico y emocional.
BARCELONA. Por Ivan Martínez
Había fuego antes de que Duki pisara el escenario: en las gradas, en los flashes de los móviles, en los gritos que hacían vibrar el aire del Palau Sant Jordi. La gira “Ameri” llegaba a Barcelona con el cartel de sold out y una promesa clara: no dejar a nadie quieto. A las 21:15, con cierto retraso en la apertura de puertas y los primeros silbidos impacientes del público, las luces se apagaron. Y entonces el tema “Leitmotiv” sonó.
El show comenzó con una intro que puso los pelos de punta. El arranque de su álbum Ameri —esa mezcla de ego, nostalgia y épica— sirvió como una declaración de intenciones: el show sería una catarsis. Las luces acompañaron a la entrada imperial del argentino, y el público hizo temblar el recinto. Era evidente que lo que estaba a punto de ocurrir no era un simple concierto.
Bloque 1: “Ameri”
El primer bloque del repertorio fue un repaso intenso por “Ameri”, el disco que da nombre a la gira. Duki se movía entre los visuales y las llamaradas que lo acompañaban. El público estaba en trance, especialmente con los temas compartidos.
Las guitarras eléctricas rugían y el beat hacía vibrar el suelo. Pero lo más impresionante no era el sonido, sino la conexión: ese coro de miles de voces que repetían cada verso como si fuera el último.
Cuando llegó “Barro”, el ambiente se volvió íntimo. Duki, visiblemente emocionado, agradeció a los fans que habían viajado desde distintos países. “Esto es por ustedes”, dijo, y el público respondió con un grito que retumbó hasta el techo.
“Constelación”, una de las canciones más potentes del disco, volvió a estremecer al público. El rapero argentino demostró que su fuerza no está solo en los versos, sino en la honestidad con la que los lanza.
Y entonces, el bloque alcanzó su cierre con la canción que le da nombre tanto al disco como a la gira: “Ameri”. Una pieza que condensa la esencia del artista en este momento de su carrera, entre la vulnerabilidad y el triunfo. En directo, sonó como un desahogo, una despedida a la primera parte del show y una carta abierta a todos los que lo acompañaron en el camino. La interpretación fue tan sentida que más de uno en el público no pudo evitar soltar una lágrima.
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Bloque 2: “5202” – el rugido del rap
El segundo bloque comenzaba con “5202”, el último álbum del rapero argentino, con el que tomó el mando con una energía demoledora. Las guitarras y la batería sonaban afiladas, casi metálicas. “Sin frenos”, dedicada a Eladio Carrión, marcó el tono de esta parte con un Duki más agresivo, más maduro, y más adueñado del escenario.
Después llegaron los imprescindibles como “Goteo”, que convirtió el Palau Sant Jordi en una ola de saltos sincronizados; “Malbec”, que trajo la nostalgia de los días de “Desde el fin del mundo”; y “Antes de perderte”, que recordó la era del “Reggaeton 2”, uno de sus trabajos más trascendentales. La banda sostuvo un sonido impecable, demostrando que el proyecto de Duki ya trasciende el trap: se trata de un show de rock, rap y espectáculo en partes iguales.
Y entonces llegó la mítica y esperada BZRP Music Session #50. La base comenzó y la pista se convirtió en un terremoto. Duki se movía con seguridad, alternando miradas al público y golpes de pecho. En esos minutos, se borraron las fronteras entre artista y audiencia: todos eran parte del mismo grito.
El tramo final fue un frenesí de clásicos. “She Don’t Give a Fo’”, “Givenchy” y “Cotto” cerraron el concierto con la energía de un estadio de rock. “Cotto”, en particular, se sintió como un resumen de todo el viaje: la agresividad, la vulnerabilidad, la épica.
Más que un concierto de rap
La división en dos bloques —Ameri y 5202— no fue casual: fue una estrategia precisa, una narrativa escénica que marcó el viaje de Duki desde el fuego íntimo hasta el incendio total.
Los bailarines, la banda y la producción estuvieron a la altura de cualquier artista internacional. Pero lo más importante fue la actitud: Duki no interpreta canciones, las vive. Las grita, las sufre y las celebra.
El Palau Sant Jordi era un volcán, un mar de luces y sudor que confirmaba una verdad simple: Duki no solo es el mayor exponente del trap latino, es un artista que ha convertido su historia personal en una religión colectiva.
Barcelona lo entendió.
Y él también.
Muchas gracias a Teens Media Network® por permitirme vivir esta experiencia. Sin duda, fue un concierto inolvidable.
Gracias a Live Nation España por dar esta oportunidad a los jóvenes de TMN®.
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