LEIVA
RESEÑA DE CONCIERTO
UN GIGANTE DEL ROCK SOBRE EL ESCENARIO
Cartel promocional del Tour Gigante de Leiva. Foto cortesía de New Event.
El cantautor madrileño de rock Leiva puso el broche de oro a su gira nacional con un concierto en el emblemático Palau Sant Jordi de Barcelona, donde conquistó al público repasando clásicos de su etapa con Pereza, grandes éxitos como “Terriblemente Cruel” o “La llamada”, y temas de su último álbum, Gigante (2025).
BARCELONA. Por Noelia Serrano
El pasado sábado 8 de noviembre, Leiva puso fin a su Tour Gigante con un imponente sold out en el Palau Sant Jordi, ante 17.000 espectadores. Y aunque muchos teníamos cierto temor a que los recientes problemas en sus cuerdas vocales pudieran pasarle factura durante el concierto, debo decir que no fue el caso. Esta crítica no nace de la compasión, sino de la más profunda admiración: porque son contados los artistas que logran convertir su talento en magia como lo hace Leiva sobre el escenario.
La noche arrancó con un potente “Bajo Presión” que desató los gritos emocionados del público, seguida por “La Lluvia en los Zapatos” y el tema que da nombre a su último álbum, “Gigante”. Desde la primera nota de guitarra, lo que se veía sobre el escenario era a un gigante ruidoso y consolidado, haciendo lo que más le gusta en el mundo y disfrutando de cada instante.
Con su habitual sombrero y un atuendo rockero y desenfadado, Leiva tocó un “Lobos” que se hizo oír con fuerza, un “Terriblemente Cruel” que elevó aún más la energía del recinto y los clásicos “Superpoderes” y “Sincericidio”, antes de aprovechar para preguntar cómo estaba su querido público y dar un pequeño discurso:
“Nunca osé soñar que estaría tocando en este escenario. Estuve cientos de veces de público [...]. Pudiera parecer extrañamente que los músicos que se suben aquí se acostumbran, pero no. No he dormido, tengo diarrea, estoy nervioso y muy emocionado por eso.”
Esa confesión, que desató las risas y el cariño del público, ese cariño que el madrileño se ha ganado a pulso durante toda su carrera por su autenticidad y su genuino carisma, marcó uno de los momentos más cercanos de la velada.
La noche siguió su curso hasta desembocar en el emotivo “El Polvo de los Días Raros”, una canción cargada de coros que convirtió a los 17.000 asistentes en un gran coro profesional. Y poco después tuvo lugar uno de los momentos más mágicos de la noche, cuando Leiva pidió silencio absoluto y, a poder ser, que nadie grabara la siguiente actuación, bajo su divertida aclaración: “Si alguien empieza a convulsionar y necesita sacar el móvil, lo puede hacer. No es una obligación. Arderá en el infierno, pero ya está.”
Entonces, bajo la atenta mirada de un público obediente, aunque algún silbido y vítores se escaparon inevitablemente, el artista interpretó un “Vis a Vis” único, cargado de emoción, que sin duda logró calar en todos los presentes. Fue una actuación especial, de esas que detienen el tiempo durante cuatro minutos, casi como si Leiva cantara al oído de cada uno, en un íntimo “tú a tú” irrepetible.
Leiva interpreta. “Lady Madrid” durante su concierto en Barcelona.
Después llegaron los queridos “La llamada”, que hizo brillar el recinto iluminado por cientos de linternas, y “No te preocupes por mí”, antes de dar paso al bloque más nostálgico de la noche: las canciones míticas de su etapa con Pereza. “Como lo tienes tú”, “Estrella Polar” y, por supuesto, “Lady Madrid”, fueron coreadas con fuerza por un público entregado y removido por el pasado, con esta última erigiéndose como el gran himno generacional de la velada.
El tema “Como si fueras a morir mañana” se convirtió en el amargo preludio de una despedida que nadie, ni el público ni el propio Leiva, quería afrontar. Y, como punto final, el madrileño cerró con “Princesas”, quizá el tema más querido y emblemático de Pereza, poniendo así fin a una noche inolvidable.
Y es que, si algo quedó claro con este show, es que Leiva es uno de esos artistas que ya escasean: dueño de una sensibilidad poco común y capaz de equilibrar desenfreno y ternura.
Su fin de gira en el Palau Sant Jordi no hizo más que confirmar lo que su trayectoria ya había demostrado: que estamos ante un talento sobrenatural, una leyenda de los escenarios y, en resumidas cuentas, un artista gigante.
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