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OSCARS 2025: ENTRE POLÉMICAS, CAMBIOS Y EL FUTURO DEL CINE
Faltan solo unas horas para que comience la edición número 97 de los Oscars, un año marcado por múltiples problemáticas y que, me atrevería a decir, es uno de los más controvertidos de los últimos tiempos. Esto no solo se debe a las numerosas disputas que han surgido en las redes sociales en los últimos meses, sino también a la incertidumbre en cuanto a un claro ganador para esta edición, por lo que es necesario hablar del estado de las cosas actualmente en la Academia.
Este año ha sido especialmente difícil para Hollywood. Tras el paro de guionistas, la industria experimentó un parón tan severo como el que vivió durante la pandemia de 2020. Las películas se retrasaron, y títulos que parecían tener un lugar asegurado en los premios, como la esperadísima One Battle After Another de Paul Thomas Anderson, no han podido estrenarse. Por otro lado, han llegado películas que muchos esperaban que arrasaran, como Megalópolis de Coppola (2024) o Joker: Folie à Deux de Philips (2024). Sin embargo, las nominaciones han sorprendido y, al mismo tiempo, decepcionado, dejando en el aire el futuro de la Academia y la confiabilidad de sus criterios de selección.
Empecemos por el elefante en la habitación: Emilia Pérez de Audiard (2024). Esta película arrasó en críticas durante el Festival de Cannes, lo que hizo que su éxito pareciera inevitable. Se estrenó en EE. UU., donde la recepción fue mayoritariamente positiva, pero cuando llegó a Latinoamérica y Europa, su reputación comenzó a caer estrepitosamente. Fue entonces cuando estalló el escándalo relacionado con Karla Sofía Gascón, la polémica sobre la IA y los comentarios del propio director, lo que sepultó por completo sus posibilidades de convertirse en la gran favorita para los premios. No podemos negar que, aunque la película tiene sus momentos destacados, es imposible pasar por alto lo deficiente que resulta como musical, especialmente en aspectos cruciales como el guion y el montaje.
Me parece extremadamente extraño que una película así haya recibido tantas nominaciones de la Academia, lo que inevitablemente abre la puerta a especulaciones sobre cómo los premios, en ocasiones, se convierten en una herramienta para cautivar al público, cuando en este caso les fue en contra.
Por otro lado, las cintas nominadas este año son realmente destacables. Tenemos The Brutalist de Corbette y Anora de Baker, dos películas que, según todas las predicciones, son las favoritas para ganar el premio más prestigioso. Aun así, también han tenido sus polémicas con la IA y con la ideología del director, por lo que no queda tan claro como podríamos pensar. Son películas magníficas, que se merecen todo lo bueno, pero no está claro por unos fenómenos ocurridos más allá de la película como obra individual. Mencioné antes Emilia Pérez para hacer una reflexión sobre los peligros que conllevan los Oscars en medio de estas polémicas. Hace años, la prensa no tenía el poder que tiene ahora sobre los galardones, y esto me lleva a reflexionar sobre cómo todo lo grandioso que representaba Hollywood ahora parece haberse reducido a presentar una imagen casi puritana. Al final, no se trata de que los Oscars hagan sus cambios porque lo deseen, sino porque se les ha dicho que lo hagan.
El cine está cambiando, y con él, sus premios. Hoy en día, para los Oscars, la película como una obra autocontenida ya no parece ser lo más importante, sino más bien el impacto que provoca en la audiencia y sus repercusiones inmediatas. La Academia busca ser políticamente correcta, pero nadie les ha enseñado a serlo de manera genuina. En realidad, lo que buscan es agradar y mantenerse relevantes a toda costa. Este tipo de pensamiento y análisis no es nada nuevo; ya lo hizo David Lynch en su cine (quien dentro de unas horas recibirá su homenaje in memoriam en la Academia) es solo una reacción más ante el descontrol que veremos esta noche.
Podemos especular sobre quién ganará o perderá, pero hoy en día los ganadores parecen ser lo de menos. La verdadera pregunta debería ser: ¿qué papel juegan los premios hoy en día en el cine? ¿Es posible, en la actualidad, premiar una obra por su calidad o solo por el fenómeno que genera?